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Terapia de Conducta

Para el niño con rabietas que no bajan, que no acepta límites o que se pone agresivo.

Pedir una evaluación
Terapeuta guiando a un niño a colocar una tarjeta en un tablero de rutinas

Una rabieta no siempre es malcriadez. Muchas veces es un niño sin recursos para manejar algo que le queda grande: la frustración, un cambio inesperado, un pedido que no supo hacer.

La terapia de conducta trabaja en dos frentes al mismo tiempo. Con el niño, enseñándole qué hacer en lugar de estallar. Con la familia, ordenando cómo se responde, porque una misma conducta que unas veces se cede y otras se castiga se vuelve más fuerte, no más débil.

Las señales que aparecen más arriba no son un diagnóstico. Son motivos suficientes para consultar.

Señales que conviene mirar

  • Las rabietas duran más de veinte minutos y son casi diarias
  • En el colegio han llamado a la familia por su comportamiento
  • Salir a la calle o al mercado se volvió un problema
  • Solo hace caso cuando se le grita o se le amenaza
  • Se hace daño a sí mismo cuando se frustra
  • En casa ya no saben qué más probar

Ninguna de estas señales es, por sí sola, un diagnóstico. Si reconoce varias en su hijo, es motivo suficiente para pedir una evaluación.

Para quién es

  • Niños con rabietas largas o muy intensas para su edad
  • Niños que pegan, muerden o rompen cosas cuando se enojan
  • Niños que no obedecen indicaciones simples
  • Niños que se resisten a los cambios de rutina
  • Niños con dificultad para esperar, compartir o perder en un juego

Cómo trabajamos

  1. 1

    Entender la conducta

    Antes de corregir hay que saber qué la dispara y qué la sostiene. Casi siempre la conducta le está sirviendo al niño para algo.

  2. 2

    Estructura y anticipación

    Rutinas visibles, avisos antes de cada cambio y reglas pocas y claras. Muchos niños se calman solo con dejar de vivir en la sorpresa.

  3. 3

    Trabajo con la familia

    Esta terapia no funciona si solo cambia el niño. Le entrenamos a usted en cómo responder, porque la respuesta del adulto es la mitad del tratamiento.

  4. 4

    Habilidades de reemplazo

    No basta con quitar la conducta. Se le enseña qué hacer en su lugar: pedir, esperar, avisar que está molesto.

Preguntas frecuentes

¿Van a castigar a mi hijo?

No. Se trabaja con estructura, anticipación y refuerzo de lo que sí queremos que haga. El castigo enseña a esconder la conducta, no a cambiarla.

¿Tengo que estar yo en las sesiones?

En parte sí. Hay sesiones con el niño y sesiones de orientación con usted. Sin eso, lo que se logra aquí no llega a la casa.

¿En cuánto tiempo se ven cambios?

Los primeros cambios suelen notarse en unas pocas semanas si en casa se aplica lo acordado. Consolidarlos toma más.

¿Cree que su hijo necesita conducta?

Pida una evaluación. Es la única forma seria de saberlo, y sale de ahí con un plan concreto.

Madre revisando su celular mientras su hijo juega en la sala